viernes 25 de diciembre de 2009

La Vaca





La Vaca…

Hace pocos días, Abel, me contó una bonita historia…


Había una vez una familia que vivía en un hórreo, en lo más alto de una ladera verde, cerca de una pequeña aldea, en una bonita zona del norte. La familia la componían el padre, la madre, el hijo y la hija. Su vida era sencilla, el campo y su vaca.


Todos los días bien temprano, el padre bajaba a la cuadra a ordeñar a la vaca. Subía la leche a la cocina y la dejaba junto al hogar, entonces partía con la vaca al prado. Mientras ella pastaba el segaba hierba fresca. Mientras tanto, la madre hacía queso y mantequilla con la leche de la vaca. Mientras, la hija limpiaba la cuadra, removía los pesebres, cambiaba el agua, ponía paja seca…Tras lo cual, bajaba a la aldea a vender mantequilla y queso y comprar los víveres necesarios para la casa. El hijo mientras tanto apañaba la huerta y rápido marchaba al prado a ayudar a su padre a cargar la yerba en el carro y traer de vuelta a la vaca al ponerse el sol.


Todos los días transcurrían igual, el mismo trabajo, el mismo horario…la misma vida. No podían quejarse sin embargo, vivían bien, nada les faltaba.


Una mañana cuando, al canto del gallo, el padre bajó a ordeñar la vaca, la encontró tendida en el suelo, sin vida…sus días habían acabado. Toda la familia se sintió triste, apenada… ¿Qué será ahora de nosotros? Enterraron la vaca y pasaron el día alrededor del hogar, pensativos, callados…


A la mañana siguiente, al canto del gallo, el padre levantó, bajó a la cuadra y sintió el vacío de la vaca. Salió al prado y se puso a cortar un viejo tronco caído en la última tormenta. Una vez cortado, el hombre se sentó para tomar aliento, sin darse cuenta agarró una rama, sacó la navaja y se puso a tallar en ella.


Mientras tanto la madre bajó a la huerta, cosechó un cesto de manzanas y se metió en la cocina…preparó compota, una hermosa tarta de manzana y salsa con especias para guarnecer los asados.


La hija, también ociosa por no tener cuadra que limpiar ni queso ni mantequilla que vender, marchó al monte con su viejo cuaderno. Subió al pico del encinar y, ante aquellas maravillosas vistas, comenzó a escribir sobre las hojas en blanco.


El hijo pasó el día ordenando los útiles de labranza y el cobertizo. Allí encontró unas semillas de berza de la cosecha anterior, su mente comenzó a cavilar…ordenó las semillas en tarros perfectamente etiquetados, salió al huerto y lo replanteó…


Hoy en día, pasados algunos desde que murió la vaca, el padre se ha convertido en un tallista, con tanta sensibilidad que incluso le encargan piezas…no da abasto, tal es su éxito. La madre vende sus compotas, salsas y tartas, ya por toda la provincia. El hijo, que es quien va a vender los manjares que su madre confecciona, está promocionando por la zona una variedad de berza autóctona, espectacular por su tamaño y calidad organoléptica, que el mismo cultiva, incluso ha organizado algún concurso hortícola. Y en cuanto a la hija, ha descubierto que es una estupenda escritora y, en estos días, termina su primera novela…


Se fue la vaca!

Moraleja: A veces es mejor dejar marchar la vaca. Yo le he dicho adiós a la mía propia, ahora soy libre, ahora tengo tiempo para observar cada puesta de sol. Puedo pasear por los prados, cosecho mis manzanas y las confito en el hogar. A veces subo al encinar y relleno hojas y hojas con historias que le ocurren a gentes lejanas…ahora cultivo mi huerta, organizo las semillas y , en ocasiones, visito a mis vecinos, les llevo una tarta, algunas semillas…ellos me dan de las suyas…Ayer comencé a tallar un tronco de nogal, me quiero hacer un mortero…


viernes 4 de diciembre de 2009

Casa Julio. Comiendo en La Alpujarra






En esta ocasión, después de tomar unas cervezas en algunos de los bares de Pampaneira, después de visitar su mercaillo y de hacer algunas compras de productos ecológicos, sobre todo, decidimos comer en uno de los sitios más característicos de Pampaneira…el Restaurante Casa Julio.




Hace un día estupendo a pesar de estar en octubre, así que decidimos comer en la terraza, a la que se accede por unas escaleras, repletas de vegetación y tiendas con sus jarapas y demás artículos colgadas en la baranda. Varias pizarras nos advierten de mucho de lo que podemos degustar en este restaurante.






Ofertas que nos hacen salivar, puchero de hinojos (uno de mis favoritos) migas, Pampaneira (que es un plato alpujarreño), croquetas y albóndigas que como todos sabemos, son de los platos preferidos de la gente menuda, hay también un menú especial vegetariano y, en general, una amplia oferta de platos ecológicos basados en la cocina tradicional alpujarreña.




Empezamos por una ensalada que se nos presenta repleta de verduras, hortalizas y frutas con una pinta apetecible totalmente. Observad las frambuesas que lleva la ensalada, son las mejores que he comido nunca, junto con estas de la otra foto que las comí esa misma tarde muy cerca de allí, directamente de la mata. Y es que la verdad es que se nota mucho el beneficio del clima, la altitud, el agua…en la calidad de los productos y alimentos alpujarreños.




Optamos por seguir con ese puchero de hinojos tan apetecible, que nos presentan, plato a rebosar, ante nuestros ojos. Eso es un plato de puchero, lo demás son tonterías…a ver quien es el guapo que se lo acaba después de tan completa ensalada y las previas cervezas y tapas…El vino del terreno sin duda ayuda ir entrando el puchero y acomodándolo felizmente. Un vino como veis con un más que atractivo color rosáceo dorado, que entra divinamente y está muy rico.





Las criaturas devoran con pasión, como era de esperar, sus croquetas y albóndigas, guarnecidas con patatas a lo pobre, al parecer en su punto de sazón. Las croquetas en especial les han gustado tanto que han pedido que les enseñemos a hacerlas, cosa que hemos hecho gustosamente (aquí podéis ver la receta). Y tras estos platos hemos pasado directamente a los postres.






Hay quien ha tomado arroz con leche, muy rico según el comensal en cuestión, la tarta de queso tiene, como veis, una pinta estupenda y, según me han comentado estaba riquísima (no han dejado ni la muestra). Y en cuanto a la crema de boniato, es otra de las recetas que han gustado tanto que hemos tenido que repetir en casa, dado su éxito.




Como veis, en Casa Julio se come muy bien, además el entorno es precioso, el ambiente especialmente agradable, puesto que, en general, en La Alpujarra reina el buen rollito, no se respira ese absurdo estrés de los lugares sin contacto directo con la naturaleza. En cuanto a precios, en Casa Julio se come barato y bien, al igual que, en general, en Pampaneira y, en general también, en La Alpujarra.



Eso si, hay miles de lugares más allí arriba, así que os dejo…me voy a investigar que más se cuece…ya os contaré!

martes 1 de diciembre de 2009

Pampaneira. Cómo se come en La Alpujarra





“Dime cómo comes y te diré cómo eres”, es cierto, se puede llegar a conocer a un pueblo por los frutos de su cocina, el olor de sus calles y lo mucho o poco que le dediquen a sus fogones. Uno de los pueblos en los que estoy llevando a cabo mis investigaciones gastronómicas, es Pampaneira, hermoso pueblo de origen bereber colonizado más tarde por leoneses y gallegos, situado en el Barranco de Poqueira.




Un lugar privilegiado sin duda, por su carácter natural y salvaje, por su cercanía al sol, por las aguas que recorren sus entrañas, por lo auténtico de su arquitectura, por su tradición y por su espíritu ecológico. Todo lo que se cría en Pampaneira, dado todos estos factores de los que os he hablado, tiene una gran calidad nutricional y organoléptica, que hacen que su cocina sea muy atractiva.

¿Pero que se come en Pampaneira?




En Pampaneira se come muy bien. Hay mucha oferta gastronómica cosa que me encanta, no hay nada como visitar un lugar que te va tentando con innumerables reclamos alimenticios, pizarras con platos y más platos, bares repletos de gente, terrazas llenas. Restaurantes que además de ofertar sus reliquias, regalan con el aroma que desprenden sus chimeneas, comida por todos sitios, tapas en todos los bares.




Las comidas típicas de este bonito pueblo alpujarreño, son pucheros, cocidos, sopas, migas, dulces moriscos, mucha verdura y hortaliza de origen ecológico. Aromáticas y plantas medicinales en abundancia adornan sus platos, guisos e infusiones, poseen unas de las mejores patatas que se puedan degustar, debido a la altitud y el agua de riego , agua con propiedades medicinales que aporta a los guisos una calidad excepcional.




Y bueno, quizás el plato por excelencia, el más turístico de la Alpujarra es sin duda el Plato Alpujarreño. Una combinación de patatas a lo pobre con pimientos, huevo frito, jamón y/o lomo, chorizo y morcilla. Casi ná, este plato demuestra el carácter de las gentes alpujarreñas, gentes duras, recias que aguantan bien el frío de la Sierra con una alimentación calórica, que les mantiene activos en los duros inviernos. Se dice que este plato que tan famoso se ha hecho en toda la provincia de Granada, lo creó un hostelero alpujarreño.




Os comentaba antes el marcado carácter ecológico que poseen en general los vecinos alpujarreños, debido quizás a su contacto directo con la naturaleza, mantienen un mutuo respeto con ella. Es común ver en las pizarras de diferentes bares y restaurantes ofertas que incluyen platos vegetarianos, productos ecológicos, incluso como podéis ver en la siguiente foto, platos antiguos por encargo.




En todos los bares y restaurantes suelen poner tapa incluida en el precio de la cerveza, tapas que suelen ser de migas, embutidos de la zona, patatas a lo pobre, carnes de cerdo o cordero con ajos, o guisadas…que podemos degustar en las terrazas de los bares, a pleno sol, o en sus salones con chimenea la mayoría. La verdad es que el ambiente que se respira en Pampaneira es plenamente festivo, contagiosamente festivo, invita a pasear por sus calles y tapear en sus bares.




Además podemos encontrar las típicas tiendas alpujarreñas en las que, podemos tanto comprar embutidos, jamones, conservas, vinos y quesos, además de utensilios de cocina artesanos, jarapas y demás artículos atractivos para el visitante. En la mayoría de estas tiendas, además, hay un pequeño espacio dedicado a la degustación de todos esos productos, de manera que podemos hacer nuestras compras mientras degustamos un vino de la tierra y una tapa de jamón alpujarreño.




Por lo tanto y como os comentaba antes, todo invita en Pampaneira a deleitarse con los productos autóctonos, a disfrutar de un placido paseo por sus calles repletas de bares y tiendas que exhiben su género en la calle, a disfrutar de sus fiestas y sus mercadillos gastronómicos.







Además, subir a La Alpujarra con niños es todo un acierto, porque es raro no encontrar algún mercadillo, alguna fiesta, talleres...algo cultural, y además de recorrer sus calles tan pintorescas, podemos pasear por los alrededores y enseñarles a distinguir los castaños de los nogales, los olivos de los almendros, el orégano del tomillo. Podemos visitar algún cortijo con ganado...en fin, La Alpujarra puede ser muy educativa tanto para pequeños como para mayores. Y ya veis como se lo pasan los pequeños comiendo...